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30 Mar
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La nece(si)dad frente a la emergencia

“El ser humano es un puente para que cualquier distancia vuelva”. — Lluvia Oblicua, Ignacio Castro Rey.

Existimos en medio de la crisis, una crisis existencial que cambiará las reglas del juego social y económico y, como cualquier crisis, nos tomó por sorpresa, pero no es la sorpresa la que nos acongoja, sino nuestras limitadas respuestas. Más aún, la crisis de salud que se evidenció por la pandemia mundial se remonta a las crisis cotidianas que todxs padecemos y que ya se normalizaron, tanto que ni se siente como crisis: la violencia económica.

México es un país en donde se crean fortunas inmensas y grandes desigualdades. Más de la mitad de la población vive en pobreza, situación que obliga a la gente a decidir todos los días de que van a privarse ellxs y sus familias, para sobrevivir otro día. La crisis de las violencias físicas, donde los feminicidios son parte de la vida diaria, con casos cada vez más inhumanos y crueles, en la que las pintas de monumentos son para evidenciar la violencia de género. La crisis de la falta de viviendas dignas y asequibles, en estas condiciones el aislamiento no será opción para muchxs; junto a la crisis de la sociedad en general, que ve su propósito en la acumulación en lugar del bienestar para todxs. Vivimos en tiempos en donde la economía es opuesta a la salud, en la cual el apoyo a la economía actual mantendrá su lógica de seguir matando a la gente.

Situándonos en Oaxaca, más del 80% de la población[1] ocupada se encuentra en condición de informalidad, y ello niega acceso a servicios de salud, aunque el Estado diga que estos se garantizan o deben ser garantizados, esto significa que será imposible auto aislarse o quedarse en casa.  Los servicios de salud son deficientes por falta de inversión y personal, en estas condiciones no inspiran confianza en caso de emergencia. Lo más vergonzoso es que no hay una respuesta eficaz ante una pandemia de esta magnitud. Las medidas de cierre de escuelas y “sana distancia” o “Quédate en casa”, repercuten principalmente entre las clases económicamente más vulnerables, agregando una crisis económica a la crisis de salud. Además, en el caso probable de ser despedidxs, iremos en busca de otros ingresos, hecho que aumenta la posibilidad de contagiarse y contagiar a otrxs, encima de que la mayoría de los hogares son multigeneracionales, lo que significa la presencia de personas de alta vulnerabilidad.

En este momento, estamos en una situación privilegiada, porque podemos voltear a ver nuestro futuro en países como Italia, España, Inglaterra, EEUU y China. Esta situación nos exige actuar a pesar del aislamiento físico, actuar que incluye exigir medidas al gobierno, como instancia que tiene el poder de aliviar la crisis y como culpable en crear y fomentar las múltiples crisis que padecemos. Hay cosas que nos toca hacer para prevenir después de la crisis, regresar a sufrir esta normalidad actual. Podemos y debemos mejorar.

Si asumimos la sentencia de que  “el estado de emergencia, es el estado de derecho” anunciado así por “nuestros amigos”[2], entonces nos toca asumir la crisis[3] del CONVID-19 como una oportunidad de exigir las medidas, para aliviar el impacto de la crisis económica causada por el virus en las poblaciones marginales, para  generar las condiciones de participación en las medidas de contención y, así, poder contribuir a una superación de contingencia con el menor número de víctimas posibles.

Toca exigir medidas que vayan más allá de regresar a la normalidad de las crisis anteriores, o podemos ser indiferentes y volver a ser los mismos. Nuestras relaciones deben cambiar, nuestras exigencias deben de ser más contundentes, y el gobierno debe de proponer cambios profundos para una democracia más directa con la sociedad.

Al gobierno

Exigir que los gobiernos federal y estatal pongan en operación un plan de contingencia, que genere las condiciones económicas y sociales necesarias, para que la población pueda seguir las recomendaciones de “sana distancia” y otras medidas, por lo que proponemos:

  • Asegurar el acceso de todxs a artículos básicos de higiene.
  • Distribución racional de agua, dando preferencia a la población y no al turismo.
  • Manutención básica (ingreso básico) a todxs, para poder quedarse en casa y seguir el plan de “sana distancia”.
  • Suspensión de cobros de luz y agua, internet y suspensión de cortes de servicio básicos.
  • Condonación de deudas.
  • Suspensión de pago de renta y de desalojos forzados.
  • Creación de albergues para mujeres en condiciones de violencia.
  • Cancelación de cualquier concesión de transporte que no cumpla con medidas sanitarias.
  • Inversión masiva en sistema de salud.
  • Expropiación y conversión de hospitales privados a hospitales de emergencia para atender a las víctimas de coronavirus.
  • Pruebas masivas y gratuitas para la detección del coronavirus.

Todas estas medidas han probado su efectividad en otros países[4] e incluso se están adoptando en partes de América Latina en donde ya tuvieron que enfrentar esta contingencia y nos muestran el futuro de nuestro país en tres semanas. Podemos aprender de sus experiencias e implementar estas medidas de blindaje económico y social.

La sociedad

El gobierno no nos va a salvar, pero puede crear las condiciones para que nosotrxs nos salvemos. Cancelar deudas, liberarnos de presiones de pagos, es una condición para que podamos hacer el trabajo más importante: rehacer la sociedad. El virus nos puede obligar a una distancia física, pero no puede prevenir que creemos cercanía emocional y social. Podemos rehacer redes de apoyo, de intercambio y de compartencia, haciendo uso de las tecnologías a nuestra disposición. Enlistamos algunas propuestas:

  • Debemos organizarnos, exigir la distribución justa del presupuesto que ha sido destinado para la crisis sanitaria.
  • Crear grupos y redes de apoyo, cuidando a los más vulnerables.
  • Crear economías locales con estas redes, apoyándonos entre nosotros, compartiendo cosas, servicios, entre otros. Las economías pueden ir mucho más allá de transacciones por ganancias.
  • Seguir e incidir en las políticas públicas – ¿se va a apoyar al pueblo, como dijo el presidente, o se va a rescatar a las empresas, como lo hace el gobernador de Oaxaca?[5]
  • Enfrentar las tendencias autoritarias: tanto el Estado como las Empresas, tratarán de aprovechar la crisis para destruir iniciativas locales y aumentar su poder. Por ejemplo, cerrar mercados y dejar que abran los supermercados y Oxxos sería una de estas medidas.           
  • Seguir denunciando la ineficiencia e inoperancia del gobierno en todos sus niveles.
  • Profundizar las denuncias para evidenciar violencia contra la niñez y las mujeres. Si el aislamiento nos obliga a quedarnos en casa, el lugar más violento para mujeres, niñas y niños es este, no bajemos la voz.
  • Estimular la creación de formas de cuidado personal y físico. Si la pandemia va por los “menos fuertes” ¿cómo nos fortalecemos espiritual, física y mentalmente? Dejemos de promover el consumo de chatarras, ahora que están de moda las compras de “pánico”, y generemos nuevos hábitos saludables y responsables con nuestros cuerpos.
  • Necesitamos resistencias creativas…

Mientras lo presencial y comunitario sigue tristemente parado en otras ciudades del mundo, en medio de estos días, extraños y dudosos, tenemos que reafirmar nuestra humanidad como acto de sanación colectiva. Las emergencias no exigen tiempos de austeridad, sino tiempos de generosidad. Dice Naomi Klein, citando a Milton Friedman, que las crisis son los momentos donde se instalan cambios profundos, y estos cambios se basan en ideas que están a la mano.[6]

Es el momento de exigir y construir lo que siempre hemos querido, lo que siempre hemos buscado, anhelado y por lo que hemos luchado. Hay una sensación parecida a la Oaxaca del 2006, pero a la inversa, hace 14 años estábamos animados al encuentro de los cuerpos en la calle, ahora los cuerpos se resguardan ¿Qué nos pasó? ¿Quién decide? Estamos en una situación donde las reglas cambian y deberíamos preguntarnos ¿Cómo contagiamos lo social y no el Virus?

Fin

[1] Sosa, Yadira (2020). Oaxaca: líder nacional en informalidad laboral con 81.6% de la población. El Imparcial: el mejor diario de Oaxaca. Recuperado de: bit.ly/Informalidad_laboral.

[2] Comité invisible (2015). A nuestros amigos. España: Pepitas de calabaza.

[3] Significa inmovilización, quedarse en casa. Es decir, estamos ante un romper con el status quo, con las reglas y acuerdos sociales, políticos, ideológicos, y económicos con los que nos rigen. Por ahora están suspendidos. Eso es la crisis actual.

[4] Por ejemplo Irlanda nacionalizó los hospitales privados, El Salvador suspendió el pago de servicios y deudas, EEUU aprobó un pago de US$1,200 a todos los trabajadores,  en el mismo país hay una suspensión de pagos de deudas por razones educativas, etc. 

[5] Cabe agregar que los empresarios estarán buscando mantener o proponer lo que a su élite le conviene (haciendo referencia a la publicación de Alejandro Murat  en sus redes sociales, de reunirse con sus amigos empresarios para repartirse el presupuesto que se aprobó en el Congreso para esta emergencia de salud), usandolo como su hábito y tradición les indica, contratando y mal pagando servicios.

[6] Klein, N. (20/03/2020). Naomi Klein: ‘Coronavirus capitalism’: Naomi Klein’s case for transformative change amid coronavirus pandemic’. Recuperado de https://www.alternet.org/2020/03/coronavirus-capitalism-naomi-kleins-case-for-transformative-change-amid-coronavirus-pandemic/

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1 Comments

    Erika Lilí Díaz Cruz

    31 marzo, 2020 at 2:29 pm

    Gracias por la reflexión. Me gustaría comentar que es necesario implementar acciones legales y sociales para que sean los agresores quienes salgan de los hogares y no las víctimas. Con esta contingencia debemos replantearnos ¿por qué son las mujeres y niñez las que deben dejar las casas huyendo de sus agresores? ¿cuándo va a entenderse que ellas al salir dejan absolutamente todo lo que tienen porque el agresor no sale? es bien triste que sean ellas, las víctimas las que salen a ser sobre-victimizadas, a algunas les va bien porque tienen redes de apoyo, porque existen otras que les brindan condiciones para nuevos proyectos de vida, pero a la gran mayoría no, y un pequeño porcentaje reciben el apoyo de los refugios, casa de medio camino, albergues, etc. en donde sólo pueden estar temporalmente en condiciones precarias, de hacinamiento, ser molingües ajenas al español, el racismo, entre otras. Esos espacios a donde ellas pueden acudir, no pueden estar más que de manera limitada, la niñez en esa condición, dejan escuela, amistades, no tienen hogar, algunas con discapacidad o que requieren medicamentos especiales. No basta hacer una crítica con perspectiva de género, es necesario repensar las maneras en que nos dejamos colonizar el sentir y la realidad que nos ha sido ajena. Debe buscarse que sean los agresores quienes deban salir de los hogares y a ellos que se les brinde educación para erradicar su violencia en los albergues y casas de medio camino, que vivan en las condiciones en que se encuentran y que juntos busquen alternativas de vida digna. Adhiero pues esta parte a su importante reflexión. Y un punto a agregar, ya que se abre la oportunidad: muchas personas físicas de bajo ingreso y negocios pequeños, no deben pagar impuestos. Saludos y gracias.

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